
Había un bar no lejos de mi casa de Pittsburgh (unos 20 kilómetros, no más), al cual solía ir todos los días después de cenar una copa. Pero un día debí tomar un poquito más que lo normal. Total que salí, y en vez de tomar la dirección de mi casa, tomé la contraria. A las pocas millas me desvié a otra carretera, y a otra, y a otra. Total, que me di cuenta de que estaba más perdido que un ratón en una reunión de gatos. Sabía que estaba en el Gran Área de Pittsburgh, pero… ¿dónde? Así que vi la posibilidad de aparcar fuera de la carretera, y así lo hice y me dormí.
Pero había aparcado en el acceso a un taller mecánico, y a la mañana siguiente el dueño, al ir a abrir y ver un vehículo impidiendo el paso, llamó a la policía.
Un ‘cop’ de la Policía del Estado golpeó la ventanilla y me despertó. Me incorporé el el asiento. Como era todavía de noche, aprecié malamente unos 6 coches de policía, así que supuse que también había 6 pistolas apuntándome.
Me pidió la licencia de conducir, y saqué todos los carnés que llevaba en el bolsillo de pecho, los revisó rápidamente. Entre los carnés había una licencia de conducción libia, que claro estaba en árabe.
«¿Esto qué es?«, preguntó el ‘poli’.
«No tengo ni idea«, respondí (si le digo que era un carné libio, lo más seguro no estaría escribiendo esto).
«Bueno, bueno«, dijo, «lárguese de aquí‘
Así hice. No lo pensé dos veces y me fui cual alma que lleva el diablo.
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